Un instructivo sirve para tres cosas: aprender a usar un aparato, leerlo después de descomponer el objeto incluido y tratar de componerlo o para engordar la bolsa de la basura. Así que lea este instructivo, si lo desea.
Lo peor que puede pasar es perder tiempo, en el mejor de los casos, o romperse algo.
Empecemos:
Lo primero que se hace es mentalizar un sujeto ideal para amarse. En el andar de la vida, podemos encontrar un prospecto y convertirlo en el objetivo concreto para. Este debe ser deseable al ojo y al alma, aunque en los quehaceres y placeres de la vida, la vista, generada por
el ojo, no termina definiéndolo.
Una vez encontrado, comience a conocerle.
Concerte una cita: un café, el parque, etc. y haga preguntas básicas personales: nombre, ocupación, jobees,
intereses, etc.
Trate de pasar más tiempo con el sujeto, sin que se vea forzado o asediado. No le haga sentir intromisión. De forma
paulatina, interesada y paciente conozca más sobre sus sentimientos, metas en la vida, familia y relaciones personales.
Observe. En el andar de las cercanías conocerá de sus hábitos: como bebe, camina y se sienta. Sus gesticulaciones: cómo observa a los demás, su sonrisa y sus malestares. Finalmente sus modales: como se dirige a usted, a otras
personas y cómo les auxilia.
En los momentos subsecuentes que se encuentren cerca, casualmente tóquelo: pase su mano por la de él suavemente.
Huélalo: qué loción usa, y sedúzcalo: insinúese sutilmente e incite a ser tocado discretamente; todo con naturaleza, que el que persevera alcanza.
Despídase dejando intriga e invitación a un nuevo encuentro, vuelva atrás la mirada, no olvide esa última imagen.
Cuando este lejos del sujeto piense, medite, cavile e imagínese con él. A veces la realidad supera la ficción, pero que va, hay tiempo para rebobinar la cinta y comenzar de nuevo.
Siempre que existan conflictos sobre si es o no el sujeto indicado, siéntese a escuchar lo que sus tripas,
para algunos el corazón, le dicten; al final, la razón en estos casos es guardada en el ropero hasta que la necesitamos de nuevo.
Finalmente enamorarse es aprendizaje y el camino hacia el amor, sin olvidar también, un riesgo: romperse
el corazón o sus sueños, que muchas de las veces, bien lo vale.
Buena suerte.
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