El león-cín ha sido herido. De tu propia mano salió la herida que llamara a la muerte, quien pacientemente esperaba, sabiendo que esto pasaría. Tirado sobre el frio mármol, el viento sopla suave, chocando en mi cara, con los ojos cegados por las lágrimas y el dolor sólo veo al objeto de mi amor, aquel que hoy me quitara la vida.
Has llamado a tus cuervos, esos que siempre rondaron sobre mi cabeza buscando devorarme. Durante mucho tiempo estuvieron al tanto de lo que pasaba, esperando el momento oportuno para acercase y arrancarme un pedazo de la piel. Hoy en una orgia interminable se sacian con mis carnes ya blandas por el desangrado, se deleitan destrozando lo que poco dejaste de mí, mientras tú, sentado a un lado los observas sonriente, altanero y orgulloso.
Mientras quedo en los huesos, por mi mente pasan los recuerdos de lo que fuimos tú y yo, de las promesas que ante el dios que adoras me hiciste, las risas, las peleas, lo olvidado y lo omitido. La que fuera nuestra fortaleza ha sido violada por perros infernales hambrientos y tú les diste entrada; mi ser ha sido despedazado por ti y ellos, y mi amor, mi amor ha sido exterminado.
Los negros cuervos juguetean y toman su tiempo para dar cada uno de sus picotazos, tú, cercano a ellos los proteges, les permites que todo sea fácil, como siempre lo hiciste. Una sonrisa de satisfacción se dibuja en tu rostro. Gustoso les ofreces más y más. Lo que me diste y prometiste a mí, se lo das a ellos.
La muerte, lasciva, se acerca a mí, mira fijamente lo que ha de llevarse, mira mis heridas y sabe que es el momento de partir. Con tu mirada le dices: “adelante”. La veo sonreír, siento su yerta piel cerca de la mía. Las tinieblas me rodean y todo se vuelve oscuro. Mi cuerpo no responde. Cierro los ojos. Siento unos brazos fríos abrazarme, y después, nada.
Poco tiempo después abro los ojos para darme cuenta que estoy en un lugar que desconocía y jamás imagine: desierto, estéril, desconocido y oscuro. Me siento vacío, necesitado de calor, hambriento, sediento, ansioso y cansado. A mi alrededor veo espectros que caminan sin sentido, chocan unos con otros, vagan sin sentido: son las almas de los amores que alguna vez existieron y que fueron asesinadas como la mía.
Repentinamente un ente se me acerca, me dice que a él también lo traicionaron, que el amor que tenía a su pareja fue tirado por allí, traicionado y burlado, lo comprendí, porque así me pasó a mí. En ese momento entendí que mi única opción era vagar sin sentido por esa vida. Me puse en pie, levante la mirada y emprendí el andar, comencé a chocar y a vagar con los demás.
Sabía que no había vuelta atrás. Tú ya estarás con esos seres infrahumanos a los que amas, porque a mí jamás me amaste. No me recuerdas ya, sólo fui un momento de tu vida, uno más de los que nada valen para ti. Seguirás en tu vida fácil, vacía y ególatra, con ellos que te mienten para hacerte sentir importante, con ellos que solo te compran porque te ven como un objeto. Dios te bendiga y espero que no te des cuentas de lo que has hecho demasiado tarde, porque entonces tampoco tendrás la oportunidad de dar vuelta a atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario