Hastiado de tontas aventuras sentimentales,
arrastro las piernas y el alma
Arrojaré tu recuerdo, como el mendigo arroja la flema que se posa en su garganta.
Recogeré los trozos de prudencia,
aunque siempre me falte alguno;
recogeré la vida vacía
y caminaré esperando que lentamente se llene,
si es posible, otra vez, como antes,
de sueños desconocidos y deseos invisibles.
Esta tarde llueve,
y en tu nombre vendí el corazón a un joven carnicero.
A cambio me dió flores...flores blancas.
Tú nada sabes de ello,
tú estás allá,
cruel como el día;
el día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro, un muro,
¿no comprendes?,
un muro frente al cual estoy solo.
arrastro las piernas y el alma
Arrojaré tu recuerdo, como el mendigo arroja la flema que se posa en su garganta.
Recogeré los trozos de prudencia,
aunque siempre me falte alguno;
recogeré la vida vacía
y caminaré esperando que lentamente se llene,
si es posible, otra vez, como antes,
de sueños desconocidos y deseos invisibles.
Esta tarde llueve,
y en tu nombre vendí el corazón a un joven carnicero.
A cambio me dió flores...flores blancas.
Tú nada sabes de ello,
tú estás allá,
cruel como el día;
el día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro, un muro,
¿no comprendes?,
un muro frente al cual estoy solo.
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